Rango tiene unos cuantos aciertos. Está claro que está orientada al público adulto, aunque el avance narrativo más visible es de consumo para todas las edades. Y es que si los más pequeños disfrutarán de los descubrimientos y aventuras (o más bien desgracias) que el camaleón tendrá que superar para ayudar a sus nuevos amigos, los más mayores quedarán pensativos con los dos grandes temas que propone el film.
El primero y más evidente es, por supuesto, la concienciación sobre los errores que comete el hombre por su avaricia. En el caso del film, es el control del agua, el bien más preciado por la comunidad. Sin agua, no hay vida. En un western de la época, sería el dinero o el oro a robar del banco… El planteamiento, disfrazado de búsqueda del agua/tesoro y de los topos ladrones que se han llevado el depósito principal, queda más que evidente cuando se nos señala que al verdadero malvado lo encontraremos dentro del propio pueblo. El camaleón se convertirá en el héroe que destape la intrincada confabulación para deshacerse de los más pobres del lugar con el fin de construir una nueva y moderna ciudad.
El segundo, más conceptual pero igual de presente, es la continua búsqueda del yo.